Hace días me propuse escribir sobre un personaje cuyo trabajo admiro profundamente: LEO BASSI. Quise familiarizarme de nueva cuenta con su obra, pues desde hace años forma parte de mis referentes artísticos.
En esta entrega busco compartir la fascinación que veo en su arte, mostrar algunas reflexiones y preguntas emanadas de sus provocaciones y entender otras vertientes acerca de su posicionamiento que, con la juventud, me pasaron desapercibidas.
Leo Bassi, payaso, bufón, actor, cómico, artista circense y todólogo de la escena, nacido en Nueva York en 1952, es parte de generaciones de artistas de circo desde 1940. La familia Bassi, de origen Italiano, nómadas y virtuosos, eran la encarnación propia del circo, pues su entrega era total en todas sus actividades cotidianas.
En una entrevista para la cadena SER, comenta que, en las comidas la plática giraba en torno a cómo mejorar los números que se presentaron esa noche, mientras comían espagueti y se miraban sus rostros con maquillaje desgastado propio del payaso de cara blanca. Con la familia, Leo encontró en su apellido una significación que lo dotó de sentido: Bassi, significa bajo y cuando estas abajo, la única dirección es ir hacia arriba (2017).
Añade que, el tener una vida privilegiada, donde todo lo que te rodea es arte, circo y creatividad, te dota de energía para agradecer al mundo. Él se refiere a estos momentos como una vida de ensueño. La entrevista concluye evocando recuerdos que lo llevan al llanto, acompañado de una canción que había seleccionado: Vesti la guiubba, un aria para tenor de la ópera Pagliacci, por demás provocadora.
Con una gran trayectoria artística y mucho que decir en cada uno de sus espectáculos, mi interés es hablar sobre: Instintos Ocultos, que ha tenido por lo menos dos funciones, quizá más, en nuestro país hace ya algunos años. El espectáculo empieza con una entrada que emana control y seguridad, a la par nos muestra a un ser que parece de otro mundo aterrizado intempestivamente en ese foro, el audio y la iluminación acompañan el momento y nos dicen que es un suceso importante en la vida de todos los presentes.
¿Qué podemos esperar de un bufón con traje sastre? Podríamos iniciar indagando entre sus acepciones: buhonero, chocarrero o truhan que se dedica a hacer reír y que divierte a reyes y cortesanos, teniendo un papel social muy importante en la historia de la humanidad. Bassi en su Master Class: Bufón en el siglo XXI. Para concienciar a una nueva generación sobre la importancia de rebelarse, con humor, contra las injusticias; señala que: el bufón es un personaje que simboliza siglos de luchas políticas, de cultura popular y de dignidad humana que se borra de la memoria (2017).
Sin ser de otro planeta, con valentía y admirable proeza escénica, Bassi, en Instintos Ocultos, no hace más que mostrar ese ser revolucionario, atreviéndose a hacer y decir todo lo que no nos atrevemos.
Con una anécdota sobre su infancia y los convencionalismos que reconoció desde pequeño, nos invita a ir en contra de las formalidades, a no respetar lo cotidiano y a lanzar un petardo para romper la estructura de todo aquello que los demás esperan que hagas. ¿Hay algo que pueda ser más catártico y liberador?
La sinceridad de Bassi, rompe esquemas de lo teatral, de la ficción escénica, de lo que cualquiera espera cuando se sienta en una butaca frente al escenario queriendo ver algo quizá divertido, emocionante o entretenido.
¿Por qué no puedes ser como los demás?
Leo no deseaba eso, sino, quería ser quién rompiera con el orden de lo establecido y sabía además que tenía el valor para hacerlo. Con toda la certeza y convicción que emana desde el escenario sabes, como espectador, que Leo Bassi podría ser capaz de hacer cualquier cosa, matar a alguien, rociar gasolina al teatro y prender fuego, darse un tiro repentinamente, o cualquier cosa que signifique una gran provocación.
Desde el tercer piso de lo que pareciera un trono hechizo como escenografía, Bassi, nos cuenta como se reveló. Era una tarde de domingo mientras una parvada de palomas comía migajas que los niños del vecindario lanzaban para entretenerse, sin mostrar entusiasmo, se percató de la injusticia de la dinámica, pues las palomas solo permanecían ahí si podías ofrecer el pedazo de pan más grande en la plaza, sin pedir disculpas ni dar explicaciones, solo abandonaban tu migaja si encontraban algo mejor.
Entonces quiso cambiar el orden de lo cotidiano, en principio lanzando intempestivamente todo el pan que debía distribuir cuidadosamente por el resto de la tarde, para tener a toda la parvada junta. Y una vez teniendo a los animalitos cautivos… lanzó un petardo. Haciendo volar a las palomas, generando caos y conmoción entre los niños. La plaza se quedó vacía por varias semanas y entonces él habría tenido su triunfo: cambiar el orden de lo establecido.
Otra de las luchas de este espectáculo es contra la coca-cola, para ello hace un número muy energético que contagia al público de una manera muy particular (salpicando líquido a diestra y siniestra). Al final de ello, se plantea un cuestionamiento, que añade una sensación de inutilidad (que quizá todo creador escénico ha pasado), al preguntarse ¿Qué estamos haciendo en el teatro?
Él lleva 25 años haciendo el mismo espectáculo para luchar en contra de Coca-Cola, y esta empresa solo aumenta sus ventas. Es una derrota total. Acaso con tantos años de presentar este show en muchos países ¿No se ha podido despertar conciencia sobre el tema? ¿Qué podemos esperar del teatro? ¿Para qué es? ¿sirve de algo protestar desde el escenario?
La última provocación del bufón
Si un espectáculo te replantea la existencia o tu sentido de vida, debes saber que ha valido la pena, aunque eso signifique, en la mayoría de los casos, días de insomnio, incomodidad, y preguntas sin respuestas. Entonces, ¿Cómo podría terminar este espectáculo? Quizá con la provocación más grande que nadie haya podido ver en un escenario. Es entonces que nuestro bufón señala:
“He pensado que para mi último espectáculo debo matarme enfrente del publico… Pero antes de morir voy a matar a 15 personas también.”
Tras haber visto todo el show quedan pocas dudas sobre si sería capaz de hacerlo o no. Y en todo caso si no es capaz de matar a 15 personas y después pegarse un tiro, ¿qué podría ser mejor que eso? ¿cómo podría mejorar la apuesta? En todo el show hemos ido con las emociones enchrechendo, así que ahora o nos preparamos para la gran decepción o sacamos papel y pluma para tomar nota de las enseñanzas del gran maestro Leo Bassi.
El poder es solo apariencia
¿A quién le permitimos tener el poder de nuestras vidas? ¿Cómo podemos perderle el miedo al poder para restarle dominio sobre nosotros? ¿cómo ser valientes tanto como Leo Bassi para asustar al poder?
Para burlarse de la élite, propone sacrificar a un asistente, es decir que, de 224 asistentes al espectáculo, sacrificando a uno quedarían 223 felices y solo uno menos feliz, ¿valdría la pena? Numéricamente suena una buena inversión. Solo una persona para dar felicidad al resto, aunque más vale que esa persona no seas tu.
Es entonces que, mediante un paseo por las butacas, selecciona a una persona, disfrutando de la timidez y la negación de los espectadores por mirarle a los ojos para no ser considerados en esta nueva locura, a esta reacción la denomina: culo stretto. Así que, con un acto de hipnotismo vuelve a jugar con nuestras emociones al elevar la expectativa y el misterio ¿qué va a hacer? ¿será real? ¿va a lastimar a alguien? Consternados desde la butaca, la escena se resuelve con una trampa ventajosa, como bien ha prometido, uno de los asistentes se sacrifico para hacernos a todos felices y se lo agradecemos.
Quizá hasta este momento, mi redacción, mi selección de temas y mis capacidades limitadas en la escritura no han mostrado con claridad los hechos de la escena, pero mi intensión más férrea no se enfoca en eso, se enfoca en reforzar la maestría que sin titubeos Leo Bassi domina en escena y con ello el poderoso mensaje que transmite: no tenerle miedo a desencajar, al contrario, hacerlo con orgullo y entereza.
Entonces, el espectáculo se acerca al final, con lo que el llama su mayor provocación y es que en un mundo de tanta violencia, crueldad e injusticia, quizá la provocación mayor sea hacer algo dulce y poético. ¿Qué hay más dulce que la miel? Y ¿Qué es más poético que la llegada de un ángel?
Así, Bassi termina desnudo, bañado en miel, con plumas cayendo encima como “un ángel al que Dios no quiso a su lado por ser demasiado asqueroso”.
“La pérdida de la dignidad como un acto de liberación total. Para cualquier persona es una vergüenza, para un payaso es un honor. Soy el hombre imperfecto y la imperfección es el alma del payaso.”
Qué más puedo decir que Bassi no haya dicho con las palabras correctas. Entonces ¿el teatro sirve de algo? Quien sabe, pero, pienso que, sí nos acerca a la libertad de ser, vale la pena seguir haciendo, viendo y hablando de las maravillas de la escena.
Referencias:
http://nuevaweb.leobassi.com/biografia/