Según un estudio realizado por el Grupo Holcim y la firma Bloomberg Media, las ciudades se sitúan como principales responsables del 60% de emisiones de gases invernadero en el mundo. Algo ciertamente lógico.
Desde el Acuerdo de París [2015], y las múltiples Conferencias de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático -COP- , se ha intensificado los esfuerzos internacionales por implementar mecanismos administrativos y tecnológicos necesarios para la reducción de las emisiones de CO2.
El impacto de demasiadas personas en nuestra biosfera podría reducirse si las medias y grandes urbes, sobre todo las de mayor densidad poblacional, se comprometieran a disminuir considerablemente su huella ecológica, garantizando la eficiencia sin comprometer el interés público.
Sin embargo, ¿Cómo se puede salvar la economía y garantizar la eficiencia de las ciudades, sin comprometer el interés público?
En es contexto, científicos, urbanistas, arquitectos e ingenieros, han comenzado una carrera contra reloj para encontrar las fórmulas que dé a las ciudades eficiencia y la anhelada sustentabilidad.
En teoría, el planteamiento pasa por convertir a las urbes en verdaderos laboratorios con la intención de mitigar y acotar el impacto que generan sobre el cambio climático.
Barómetro: Medir de una transición de una economía lineal a una circular
Con el concepto “Hub de ciudades circulares” se ha comenzado un proceso de transformación de las economías dejando atrás la visión de la producción lineal. Quienes adoptan economías circulares están encontrando nuevas formas de reducir su producción de carbono.
En la lista de ciudades figuran París, Londres, Viena, Toronto, Washington, Copenhague, Sídney, Zúrich, Seattle.
Utilizando un algoritmo patentado, el Barómetro de Ciudades Circulares mide la rapidez con la que 30 ciudades globales, pasan de una economía lineal -tomar, fabricar y desperdiciar- a una economía de reducción, reutilización y reciclaje.
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